
Las escenas iniciales de la premiada película brasileña “Ciudad de Dios” (2002) muestran un conjunto habitacional en la periferia de Río de Janeiro que, posteriormente, se convierte en un reducto de pobreza y violencia. A pesar de que la película transcurre en la década del 60, el conjunto habitacional elegido como escenario era un complejo recién construido.
Esta elección, de hecho, no hizo ninguna diferencia ya que, a pesar de los 40 años que separan la época retratada en la película y las filmaciones, las soluciones arquitectónicas utilizadas por los programas habitacionales en el país continuaron siendo las mismas, replicando modelos anticuados y evidenciando el estancamiento del sector.
Desafortunadamente, esta situación no se refiere únicamente a Brasil. La gran mayoría de los países que componen el sur global enfrenta problemas habitacionales, con la desigualdad social creciente y los desastres naturales cada vez más frecuentes debido a los cambios climáticos que potencian la situación. En este contexto, las campañas – tanto privadas como públicas – cuando existen, están lejos de abordar el problema, presentando soluciones constructivas lentas y anticuadas que evidencian el atraso de la industria en relación a las discusiones contemporáneas sobre arquitectura y urbanismo.
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¿Cómo las viviendas modulares pueden incorporar la localidad material y la artesanía regional?
Para traer la creatividad y la ingeniosidad que tanto faltan en las viviendas habitacionales de esta porción del globo, dos aspectos actuales se destacan como posibilidades: los sistemas modulares y el rescate de las técnicas vernáculas. El primero significando velocidad y agilidad, y el segundo representando identidad y pertenencia. A pesar de que, en un primer momento, los dos aspectos parezcan opuestos, algunos ejemplos muestran que pueden ser entendidos como complementarios.
La construcción modular se define como una metodología que ocurre por etapas (módulos), partiendo de la estandarización de las partes que configuran un edificio. De esta forma, muchos estudios han afirmado que este método constructivo puede reducir en hasta un 50% el plazo de obra, generando mayor control de costos y menor desperdicio. Características fundamentales para enfrentar el déficit habitacional y la urgencia por viviendas dignas en muchos países del sur global.
No obstante, hay quienes dicen que la construcción modular de escala industrial, al poner en primer plano la agilidad y velocidad, se ha establecido como un método constructivo que utiliza materiales estandarizados y, a pesar de permitir flexibilidad y personalización en el momento del montaje, no logra abarcar las matices regionales que componen la arquitectura.
Pero, antes de optar por elegir solo uno de estos métodos, los ejemplos a continuación nos han mostrado cómo los dos enfoques pueden estar conectados, generando una arquitectura ágil y al mismo tiempo sensible, fomentando el sentimiento de pertenencia de sus habitantes al valorar su cultura ancestral.

En la delgada línea entre lo ancestral y lo modular, los arquitectos de Undurraga Devés lograron crear un diálogo interesante con una arquitectura que trae nuevas tecnologías mezcladas con los elementos de la cultura regional. La justificación del proyecto se basa en el desafío de conciliar aquellos aspectos en los que la globalización ha traído progreso para la humanidad, con aquellos valores de las culturas precedentes que hoy luchan por mantener viva su identidad.
Las 25 viviendas sociales en la periferia de Santiago, Chile, fueron agrupadas linealmente con la fachada principal orientada hacia el este, una disposición exigida por la tradición ancestral de abrir la puerta hacia el sol naciente. Además de los aspectos ritualísticos que guiaron el proyecto, la técnica constructiva elegida mezcla piezas de concreto, ladrillo, madera de pino y la capa doble hecha de “cañada de coligüe", una especie de bambú local que cubre las paredes y ventanas de estas fachadas.

A pesar de que el montaje constructivo aún es muy artesanal y realizado en el propio lugar de obra, es posible percibir en este proyecto la aplicación de los conceptos de modularidad y replicabilidad, convirtiéndolo en una inspiración para las arquitecturas sociales.

En el otro lado del mundo, el conjunto habitacional Pemulung, en Indonesia, también materializa algunos aspectos de la modularidad, aunque aún atado a la construcción artesanal. En este caso, las 14 casas fueron construidas con bambú local y diseñadas como módulos con espacio de estar en la planta baja y dormitorio en el entrepiso. La idea de la estandarización espacial y constructiva surgió también para permitir que la comunidad se inspire y replique los módulos en la construcción de sus propias casas, generando independencia.


Ahora, trabajando en menor escala y lejos del entorno urbano, arquitectos de la oficina colombiana Ensamble de Arquitectura Integral aplicaron técnicas modulares para proporcionar viviendas sociales en las áreas rurales del país. El módulo fue diseñado utilizando madera disponible localmente, reinterpretando su uso en la construcción contemporánea. Sus piezas fueron diseñadas para la producción en masa de forma fácil y rápida, transportadas a cualquier región y ensambladas por trabajadores locales, sin la necesidad de ningún equipo especial o experiencia en construcción.


Este proyecto, al igual que los otros presentados, es interesante porque marca un punto intermedio entre la producción en masa y la regionalización de los procesos participativos de producción habitacional, rescatando técnicas constructivas y culturas vernáculas, mostrando que una solución eficiente para viviendas dignas puede estar entre el pasado y el futuro.
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